Bali no opera nada como el resto de Indonesia y las expectativas deberían ajustarse. Ubud entrega cultura de terrazas de arroz y retiros de yoga; Kuta entrega turistas de fiesta australianos. Los alquileres de scooter proporcionan libertad pero los accidentes involucrando turistas ocurren diariamente — la experiencia importa. Las visitas a templos requieren sarongs proporcionados en la entrada; traer el tuyo ahorra tarifas de alquiler. Las ceremonias cierran calles aleatoria y bellamente — abraza los retrasos. La cultura de beach clubs en Seminyak y Canggu cobra entrada implícitamente a través de requisitos de consumo mínimo. Las villas privadas superan a los hoteles a precios comparables, especialmente para grupos. El hinduismo balinés difiere significativamente de la práctica india — la etiqueta de templos varía. El bosque de monos en Ubud entretiene pero vigila el robo — literalmente agarran pertenencias. Las bebidas al atardecer en los templos de Tanah Lot o Uluwatu justifican algo de infraestructura turística. La estación seca (abril-octubre) trae clima más confiable.