Bangkok abruma hasta que emergen los patrones. El BTS Skytrain y el MRT Metro cuestan poco y evitan el tráfico horrendo; los taxis en hora punta desperdician horas. La seguridad de la comida callejera preocupa a los turistas más que a los locales — busca multitudes y rotación. Los 7-Eleven contienen cajeros, comidas, crédito telefónico y aire acondicionado: tu kit de supervivencia. Los tuk-tuks que apuntan a turistas hacen desvíos por estafas de joyas; las tarifas de la app Grab te protegen. Los templos requieren hombros y rodillas cubiertos; lleva ropa apropiada. El Gran Palacio exige llegar temprano antes de los buses turísticos; las multitudes del mediodía ahogan. Khao San Road existe para mochileros; Thonglor y Ari existen para vivir. Los precios del masaje tailandés dependen del barrio: ฿200 en suburbios, ฿400 cerca de turistas. El saludo Wai muestra respeto pero no se espera de extranjeros — inténtalo de todos modos. Los mercados nocturnos alcanzan su pico después de las 21h cuando las temperaturas bajan ligeramente.