Marrakech abruma los sentidos por diseño deliberado. La medina existe para confundir y esa confusión crea la experiencia — los mapas ayudan pero no resuelven. Los vendedores ambulantes se acercan constantemente; el rechazo educado pero firme se vuelve habilidad de supervivencia esencial. El alojamiento en riad transforma la experiencia del turismo de hotel a inmersión genuina. La plaza principal (Djemaa el-Fna) entretiene al atardecer cuando aparecen los artistas y puestos de comida. Los artículos de cuero en las tenerías significan navegar la presión de ventas pero existe la calidad. La cultura del hammam va desde spas turísticos hasta instalaciones locales genuinas — investiga tu nivel de comodidad. El regateo empieza a la mitad o menos del pedido inicial; los vendedores esperan el baile. Las peticiones de fotos con locales «amistosos» a menudo llevan a demandas de pago — gestiona expectativas. El té de menta llega constantemente; aceptar hospitalidad no requiere compra. El calor veraniego supera regularmente los 40°C; visita durante temporadas intermedias.