Viena opera con formalidad que inicialmente parece estirada pero luego se vuelve encantadora. La cultura de cafés exige quedarse; apresurarse ofende a la tradición misma. Estar de pie en los würstelstands por salchichas representa la auténtica comida vienesa, no un compromiso. La Vienna City Card ahorra dinero solo con programas de museo agresivos; calcula honestamente. Las entradas de pie para la ópera cuestan 15€ por actuaciones de clase mundial — llega temprano. Los jardines de los palacios son gratis; los interiores cobran variadamente según las entradas combinadas. El transporte público cubre todo eficientemente; los coches no agregan nada más que estrés de aparcamiento. La formalidad alemana aquí supera a la de Alemania misma — Sie versus du importa. La cocina austriaca satisface apetitos robustos; las porciones de Schnitzel derrotan a la mayoría de los visitantes. Los Heuriger en distritos exteriores sirven vino nuevo con buffets adjuntos. Los cierres del domingo afectan al retail completamente; los restaurantes permanecen abiertos.