Sídney se extiende a distancias que sorprenden a los europeos. La tarjeta Opal limita el gasto diario — toca constantemente sin calcular. Las playas son gratis y numerosas; Bondi atrae turistas mientras Coogee satisface a locales. La cultura del café rivaliza con la intensidad de Melbourne; el café instantáneo ofende. El interior de la Ópera decepciona comparado con su exterior — las vistas del puerto ganan. Los ferries funcionan como transporte y turismo; los cruces a Manly muestran el puerto. La fauna australiana existe incluso dentro de la ciudad — los ataques de urracas son reales. La propina no se espera ni es necesaria; los salarios son vivibles por ley. Los comestibles cuestan sustancialmente más que Europa o América — el presupuesto se ajusta. Los restaurantes BYO permiten traer tu propio vino por pequeñas tarifas de descorche. El equipo de playa vive en los maleteros de los coches; el nado espontáneo sucede. La protección solar slip-slop-slap se vuelve esencial, no opcional. El invierno significa 15°C — empaca en consecuencia para el "frío" australiano.