Venecia se ahoga en turismo pero aún recompensa a quienes se pierden deliberadamente en su laberinto. Perderse realmente requiere ignorar Google Maps — toma giros aleatorios. Los pases de vaporetto tienen sentido económico después de tres o más viajes por día. Los paseos en góndola cuestan 80€ por 30 minutos sin importar las historias de negociación. La plaza San Marcos se inunda regularmente (acqua alta) de octubre a invierno — empaca calzado apropiado. Los restaurantes directamente en las arterias principales sirven comida mediocre a precios máximos; camina dos calles más. Las islas de Murano, Burano y Torcello merecen excursiones de medio día. Los pasajeros de cruceros se concentran entre 10am y 4pm — la exploración temprana y tardía recompensa. La cultura del spritz define el aperitivo vespertino a lo largo de los canales. Los barrios residenciales como Cannaregio ofrecen vislumbres de la vida veneciana real. Las iglesias contienen arte que los museos suelen pasar por alto.