Madrid mantiene horarios más tardíos que cualquier capital europea — cenar a las 22h apenas califica como temprano. El Prado requiere varias visitas para apreciarlo propiamente; no te apures. Las horas de museo gratis existen (Reina Sofía domingos por la tarde, Prado por las noches) pero las multitudes se concentran acordemente. La cultura de tapas ha evolucionado; las tapas gratis tradicionales con bebidas sobreviven en La Latina y Lavapiés, no en el centro. El mercadillo El Rastro del domingo se extiende por manzanas pero vigila los carteristas. El Parque del Retiro proporciona escape de la intensidad urbana. El metro funciona eficientemente y hasta tarde. Los churros con chocolate en San Ginés saben diferente a las 5am después de bailar que al mediodía para turistas. Las vermuterías alcanzan su pico los domingos por la tarde como tradición local. Los bares de azotea se multiplican cada verano a precios que reflejan las vistas. Las actuaciones de flamenco varían de orientadas a turistas a profundamente auténticas.